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Historia de los alimentos Transgénicos

A nadie se le oculta que el avance de la Biología en los últimos años ha sido espectacular. El siglo XX ha sido particularmente fructífero en logros que se refieren al conocimiento del funcionamiento de los seres vivos (animales o microorganismos) en sus hábitats naturales pero, sobre todo, ha quedado claro que todos los seres vivos tenemos en común un tipo de macromoléculas orgánicas denominadas ácidos nucléicos (ácido desoxirribonucléico -ADN- y ácido ribonucléico -ARN-) que constituyen el elemento central, la unidad molecular de la Biología. En ambas se sitúa la esencia de la vida y su proyección desde los padres a los hijos en forma de herencia. Este gran descubrimiento, que tuvo lugar a mediados del siglo pasado, curiosamente a partir de experimentos llevados a cabo con bacterias, demostró el papel central del ADN en la transferencia de información y en la herencia. Desde entonces, la disponibilidad de herramientas biológicas (cada vez en mayor número y cada vez con mayores utilidades) ha permitido avances que han dado lugar a una nueva rama de la Ciencia Biológica denominada Ingeniería Genética o Tecnología del ADN recombinante. Precisamente en la Tecnología del ADN recombinante debe situarse el origen de los denominados “Organismos Modificados Genéticamente”, a partir de los que se obtienen los vulgarmente conocidos como “Alimentos Transgénicos”.



El ADN (ácido desoxirribonucléico) es el elemento común que está presente en las células que forman los tejidos de animales o de plantas y en los microorganismos (bacterias, hongos, parásitos o virus). El ADN es el portador de la información genética de todos los seres vivos y está formado por secuencias de nucleótidos (polinucleótidos) formados por desoxirribosa (un azúcar de 5 átomos de carbono), ácido fosfórico y una base nitrogenada (bases púricas o pirimídicas: adenina -A- y guanina -G- en el caso de las púricas, y timina -T- y citosina -C-, en el caso de las pirimidicas). El ADN se dispone en forma de una doble hélice formada por dos hebras (cadenas) complementarias y antiparalelas (poseen sentido contrario, en una 5’-3’ siendo 3’-5’ en la otra) que permanecen unidas por enlaces entre las bases (la adenina se une a la timina y la citosina lo hace con la guanina). Cada nucleótido se identifica por su base nitrogenada y un triplete (3 nucleótidos) constituye un codón. Un codón porta información para la síntesis de un aminoácido en los ribosomas. Una cadena de aminoácidos forma un péptido y un polipéptido forma una proteína. Las proteínas son los elementos plásticos más importantes de los organismos y, por ello, lo son también los ácidos nucléicos (el ADN) que determinan su síntesis. 

Un gen se puede aislar, copiar, amplificar e insertar dentro del ADN de otro ser vivo, bien de la misma o incluso de distinta especie; es decir, en la práctica, un gen se puede manipular (manipulación genética). Para lo primero se utilizan proteínas especiales de naturaleza enzimática, llamadas enzimas de restricción que rompen determinadas uniones entre las secuencias. La inserción de un fragmento de ADN en otra molécula distinta recibe el nombre de recombinación y, como consecuencia de ello, el nuevo gen (“transgen”) expresa un carácter, también nuevo, para el que codificaba. Todo el proceso descrito supone una nueva metodología de trabajo a la que se ha dado en llamar “Ingeniería Genética” o “Tecnología del ADN recombinante” y el organismo en el que ha tenido lugar el procedimiento es un “organismo manipulado genéticamente, un OMG”, como habíamos visto al principio. Desde el punto de vista de los OMG, hay genes “funcionales” (que expresan un carácter útil y buscado) y genes “marcadores” que han de acompañar a los primeros para permitir posteriormente su identificación facilitando, con ello, la selección del individuo nuevo. La mayoría de estos genes marcadores expresan caracteres de “resistencia a antibióticos”. 


En definitiva, pues, la Ingeniería Genética permite modificar el genoma de una planta comestible, de un animal o de un microorganismo (bacteria, levadura, virus,...), con un propósito concreto. Este es, sin duda, un punto particularmente importante en los términos que aquí nos interesan, pues mientras que en los procedimientos de mejora tradicional de plantas o animales, la selección de los mejores y los más aptos para una determinada finalidad, es un proceso lento (habitualmente se necesitan decenas o centenares de años bajo la dirección del hombre o miles de años si es la naturaleza quien se encarga del proceso de forma natural) y muy laborioso, en el que no siempre se consigue el objetivo (en el proceso de selección se arrastran muchos genes indeseables, que es preciso eliminar mediante cruces dirigidos y la consiguiente selección), mediante la Ingeniería Genética se puede modificar con total precisión un solo gen o incorporar uno nuevo, siendo a la vez el proceso “mucho más limpio y preciso” y, naturalmente, mucho más rápido.



Existe gran diversidad de fenotipos en las plantas, en sus características y en sus funciones,  determinada por la variabilidad genética y la interacción de estos genotipos con el ambiente. Existen diferentes factores que favorecen la diversidad genética y la variedad de características entre individuos de una misma especie o de diferentes especies. Entre estos factores se puede mencionar la reproducción sexual y las mutaciones que aumentan la diversidad sobre la que actúa la selección natural. A esto se suma la acción del hombre que, a través de la selección artificial y la hibridación (cruzamientos selectivos) aprovecha esta diversidad y promueve la reproducción y supervivencia de determinadas especies o variedades que resultan favorables.
Agricultores y pastores han manipulado la estructura genética de las plantas y los animales desde que se inició la agricultura, hace más de 10 000 años. Los agricultores manejaron durante milenios el proceso de domesticación a través de numerosos ciclos de selección de los individuos mejor adaptados. Esta explotación de la diversidad natural en los organismos biológicos ha proporcionado los cultivos, árboles, animales de granja y peces cultivados actualmente existentes, que a menudo difieren radicalmente de sus antepasados más lejanos. La primera planta modificada genéticamente, fue una planta de tabaco resistente a los antibióticos; esto se realizó en el año de 1983 es desde este momento en donde empieza una carrera en la producción de semillas híbridas en conjunto a la utilización de fertilizantes  esto provocó grandes aumentos en el periodo comprendido entre 1950 y 1984. Este periodo también fue llamado posteriormente “la revolución verde”.
Después de que el avance de 1983 fue confirmado, llevó a los científicos unos diez años en lograr crear el primer alimento genéticamente modificado para uso comercial. Este producto transgénico fue un tomate creado por una compañía con sede en California y con el nombre de Calegne. La nueva especie de tomate, que fue nombrado FlavrSavr por la empresa, se puso a disposición comercialmente en 1994.

A pesar de que los consumidores mostraron un gran interés en el mismo, la compañía detuvo su producción en 1997 debido al hecho de que su vida útil hace que sea menos rentable para la empresa. No obstante, gracias a esos avances, hoy en día, un agricultor los puede plantar con innumerables características: pueden ser resistentes a numerosas plagas, con menos agua en su interior (lo cual quiere decir que se conservarán en buen estado durante más tiempo), gigantes, diminutos, especialmente sabrosos, con un aspecto asombrosamente saludable.
El objetivo de los genetistas modernos es el mismo que el de los primeros agricultores: producir cultivos o animales superiores. El mejoramiento genético convencional, basado en la aplicación de los principios genéticos clásicos relativos al fenotipo o características físicas del organismo en cuestión, ha logrado introducir en cultivares o razas de animales características procedentes de variedades domesticadas o silvestres afines o de mutantes . En un cruzamiento convencional, en el que cada progenitor lega a los descendientes la mitad de su estructura genética, se pueden transmitir características no deseadas junto con las deseadas, y puede que esas características no deseadas hayan de ser eliminadas a través de sucesivas generaciones de mejoramiento. 
El fitomejoramiento tradicional involucra el cruzamiento repetido de grandes números de plantas con características deseables (rendimiento, resistencia a enfermedades y plagas, tolerancia a sequía, etc.), confiando que tales características puedan ser combinadas de manera estable en un solo germoplasma. Emplea rasgos o marcadores fenotípicos, morfológicos o fenológicos para efectuar la selección de individuos, líneas o cultivares. Sin embargo, no existe con frecuencia una relación clara entre el genotipo y el fenotipo. Tal desventaja puede eludirse mediante el uso de marcadores bioquímicos y moleculares; puesto que poseen un control genético mendeliano, permiten evaluar la variación genética (en función de la mutación, la selección o la deriva genética), y representan una muestra de la variación a nivel del DNA, con lo que se obvia el efecto ambiental (Camarena et al., 2012).  

Camarena F., Chura J., Blas H., (2012).  Mejoramiento Genético y Biotecnológico de plantas.  UNALM, Promotora Lima. 
Mejoramiento vegetal, disponible en: http://www.chilebio.cl/mejoramiento-vegetal/

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